Cuando me libero de ilusiones también libero a los demás.
Cuando no puedo perdonar a las personas las estoy aprisionando. Es posible que el problema que me molesta pertenezca más a la otra persona que a mí, pero mi irritación lo convierte en mi problema. O a lo mejor estoy proyectando mi propio pasado en el otro. Elige una situación que encuentres difícil perdonar. Date cuenta de cómo el otro ocupa toda tu mente. Con esto mantienes preso al otro y a ti mismo.