En mi visión interior veo la imagen de una mujer caminando en un sendero.
La senda llega a ser más empinada y más estrecha a medida que continúa andando.
Su mochila, aunque con menos lastre, pesa cada vez más.
El Sol, que parece ser su meta, le ilumina el rostro.
La mujer decide reposar un rato.
Pone la mochila a su lado.
Las correas de la mochila dejan marcas en sus hombros.
En ese momento, decide volver al pueblo de donde viene.
Resuelve dejar atrás su mochila con toda la carga, ahora inútil, de sus experiencias como ser humano, mujer y madre.
La mochila contiene principalmente la necesidad de ser de ayuda para otros.
El ser necesaria para otros fue su obra, su realización, su alegría más grande.
Pero fue también su desafío, su trampa, su obstáculo más grande.
De eso es de lo que más ha aprendido.
La mochila brilla con la luz del Sol.
La mujer pide al Gran Espíritu transformar su necesidad de ser útil a otros en la madurez de una sabia mujer anciana.
Fragmento de Jugando con la Fuerza de la Vida
Ahora, unos años después de escribir este texto, ahora sé que el anhelo de servir otros como fuente de inspiración ha permanecido en mí.
Que lo innombrable suene a través de mis palabras.
Joos